La tarde del 3 de junio, la Plaza del Carmen se transformó en un encuentro de expresión musical y camaradería, bajo un clima perfecto donde decenas de asistentes disfrutaron del ritmo alegre y nostálgico de la agrupación Bola Suriana, considerada una de las máximas representantes de la música tradicional de Michoacán, en un concierto que celebró las raíces musicales de México y Latinoamérica.
Con un repertorio que recorrió sones, canciones tradicionales y ritmos sudamericanos, el grupo llevó al público por un viaje sonoro lleno de historias, costumbres y emociones compartidas. Los aplausos, el canto espontáneo y algunos pasos de baile entre los asistentes dieron vida a una tarde en la que la música dejó de ser únicamente un espectáculo para convertirse en una experiencia colectiva.
La presentación, organizada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, formó parte de su labor de acercar las expresiones artísticas a la comunidad, fortaleciendo la preservación de las tradiciones musicales y reafirmando el valor de la cultura como una herramienta de inclusión y justicia social.
Por unas horas, la Plaza del Carmen se convirtió en el corazón de la convivencia cultural en Morelia, demostrando que cuando la música llega a los espacios públicos, también fortalece el sentido de comunidad, identidad y pertenencia.
Con un repertorio que recorrió sones, canciones tradicionales y ritmos sudamericanos, el grupo llevó al público por un viaje sonoro lleno de historias, costumbres y emociones compartidas. Los aplausos, el canto espontáneo y algunos pasos de baile entre los asistentes dieron vida a una tarde en la que la música dejó de ser únicamente un espectáculo para convertirse en una experiencia colectiva.
La presentación, organizada por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, formó parte de su labor de acercar las expresiones artísticas a la comunidad, fortaleciendo la preservación de las tradiciones musicales y reafirmando el valor de la cultura como una herramienta de inclusión y justicia social.
Por unas horas, la Plaza del Carmen se convirtió en el corazón de la convivencia cultural en Morelia, demostrando que cuando la música llega a los espacios públicos, también fortalece el sentido de comunidad, identidad y pertenencia.
