Cada 15 de agosto, durante la celebración a la Virgen de la Asunción, en el sur de la ciudad de Morelia hay una tradición que también reúne a las familias alrededor de una celebración: la Feria del Mole de Santa María de Guido.
Durante el 14 y 15 de agosto, la plaza principal de esta comunidad se transforma en un gran espacio gastronómico donde el protagonista es el mole, un platillo que forma parte de la memoria familiar de sus habitantes. Este año en su 19ª edición de la Feria del Mole, con la participación de cocineras de la localidad, desde las nueve de la mañana y hasta las ocho de la noche, las llamadas moleras preparan y sirven sus propias recetas, muchas de ellas heredadas de generación en generación.
Durante el 14 y 15 de agosto, la plaza principal de esta comunidad se transforma en un gran espacio gastronómico donde el protagonista es el mole, un platillo que forma parte de la memoria familiar de sus habitantes. Este año en su 19ª edición de la Feria del Mole, con la participación de cocineras de la localidad, desde las nueve de la mañana y hasta las ocho de la noche, las llamadas moleras preparan y sirven sus propias recetas, muchas de ellas heredadas de generación en generación.
Lo que comenzó como una celebración religiosa y familiar se ha convertido también en un motor económico para la comunidad con la muestra gastronómica que permite descubrir otras versiones como el mole verde, blanco e incluso de guayaba.
Pero esta celebración va mucho más allá de la gastronomía. Santa María de Guido tiene raíces prehispánicas y una historia vinculada al período virreinal. En sus calles y tradiciones permanece parte de esa memoria comunitaria que se expresa especialmente en sus fiestas, en sus costumbres y, por supuesto, en su cocina. La Feria del Mole es también una oportunidad para que las cocineras locales compartan un conocimiento que no está escrito en un recetario, los ingredientes que se seleccionan cuidadosamente y las técnicas que se aprenden observando a madres, abuelas y familiares.
Pero esta celebración va mucho más allá de la gastronomía. Santa María de Guido tiene raíces prehispánicas y una historia vinculada al período virreinal. En sus calles y tradiciones permanece parte de esa memoria comunitaria que se expresa especialmente en sus fiestas, en sus costumbres y, por supuesto, en su cocina. La Feria del Mole es también una oportunidad para que las cocineras locales compartan un conocimiento que no está escrito en un recetario, los ingredientes que se seleccionan cuidadosamente y las técnicas que se aprenden observando a madres, abuelas y familiares.
Detrás de la feria existe además un trabajo colectivo. El gobierno de Morelia participa en la organización y promoción, mientras que la jefatura de tenencia y las propias moleras hacen posible que los puestos, ingredientes y actividades estén preparados para recibir a los visitantes. Para esta edición se espera superar la llegada de visitantes al del año pasado y su derrama económica.
Este año se plantea incluso un nuevo reto, avanzar hacia la formación de una cooperativa de moleras que permita profesionalizar su actividad y fortalecer su organización, sin perder aquello que hace especial a sus recetas: su identidad y su origen familiar.
Porque en Santa María de Guido el mole no solamente se cocina. Se hereda, se comparte y se mantiene vivo.
Este año se plantea incluso un nuevo reto, avanzar hacia la formación de una cooperativa de moleras que permita profesionalizar su actividad y fortalecer su organización, sin perder aquello que hace especial a sus recetas: su identidad y su origen familiar.
Porque en Santa María de Guido el mole no solamente se cocina. Se hereda, se comparte y se mantiene vivo.


