Cuando llegué a Morelia me impactó ver las grandes avenidas pintadas de graffiti, fue una experiencia que enfrentó mis prejuicios, con el imaginario importado de California que me inclinaban al sentimiento de incomodidad inmediata donde el graffiti mayormente se asocia con marcaje pandilleril y delimitación territorial, esos trazos, sin duda afectan la belleza de una ciudad que en mi imaginación romántica de México la recordaba de una cantera rosa intacta, colonial y armónica. Mi percepción comenzó a transformarse mientras entendía el sentido, ese cambio fue aún mayor cuando asistí al coloquio "Murales de Michoacán" patrocinado por la secretaría de cultura.
Historia de Michoacán. Autor: Alfredo Zalce Torres (1908-2003) El coloquio me hizo mirar hacia la historia del muralismo en Michoacán donde ocupa un lugar relevante dentro del impulso muralista posrevolucionario promovido durante el cardenismo cuando el arte fue concebido como herramienta educativa y pedagógica y el muro no era decoración era libro abierto era narrativa pública y en ese contexto surgieron figuras como Alfredo Zalce nacido en Pátzcuaro cuya obra integró campesinado identidad purépecha y compromiso social así como Adolfo Mexiac con su fuerte vocación gráfica y política y Arturo Estrada entre otros artistas formados en la tradición de la Escuela Popular de Bellas Artes y la Universidad Michoacana quienes consolidan una identidad visual propia menos centralizada, profundamente arraigada en la dimensión social.
Murales en el Monumento a Morelos por Ramón Alva de la Canal, narran la vida de Morelos desde su nacimiento en Valladolid (hoy Morelia) hasta su participación en la Guerra de Independencia. También muestran Una de las experiencias más reveladoras fue visitar el monumento a Morelos en Janitzio y descubrir en su interior una escalera en espiral cubierta de murales, narrando la historia del insurgente, entendiendo que en Michoacán el mural no solo se contempla sino que se recorre, se habita y se integra al cuerpo del espectador
Michoacán también es territorio de migración miles de familias viven entre el norte y el sur las remesas transforman economías locales y los jóvenes circulan entre California y Morelia llevando consigo códigos visuales aprendidos en barrios chicanos donde el muralismo comunitario y el graffiti hip hop se desarrollaron como formas de propiedad identitaria, esa circulación cultural ha producido en la ciudad con una estética híbrida donde conviven tipografías chicanas aerosol retratos hiperrealistas iconografía indígena y memoria cardenista y lo que en un inicio percibí como el desorden del graffiti en las calles revelan un síntoma de transformación cultural.
Michoacán también es territorio de migración miles de familias viven entre el norte y el sur las remesas transforman economías locales y los jóvenes circulan entre California y Morelia llevando consigo códigos visuales aprendidos en barrios chicanos donde el muralismo comunitario y el graffiti hip hop se desarrollaron como formas de propiedad identitaria, esa circulación cultural ha producido en la ciudad con una estética híbrida donde conviven tipografías chicanas aerosol retratos hiperrealistas iconografía indígena y memoria cardenista y lo que en un inicio percibí como el desorden del graffiti en las calles revelan un síntoma de transformación cultural.
En Estados Unidos el graffiti territorial surgió en contextos de segregación racial y estructuras pandilleriles consolidadas, pero en Morelia aunque pueden existir marcas juveniles de barrio, la mayoría de las intervenciones parecen responder más a una necesidad de visibilidad y pertenencias que a un sistema formal de control espacial. El muro funciona como espacio de tensión entre patrimonio y juventud, entre conservación y expresión, entre silencio y demanda de reconocimiento, al observar con mayor atención pude percibir que muchas de esas pintas son intentos de decir aquí estamos también formamos parte de esta ciudad.
La transformación no se limita a la dimensión generacional también atraviesa el género porque si en el muralismo clásico la mujer aparece como símbolo de tierra tradición o maternidad hoy participa activamente como creadora en el arte urbano contemporáneo colectivas feministas utilizan el aerosol para denunciar feminicidios, desapariciones y violencia estructural, así el muro deja de ser únicamente relato heroico y se convierte en espacio de memoria urgente y exigencia social.
La transformación no se limita a la dimensión generacional también atraviesa el género porque si en el muralismo clásico la mujer aparece como símbolo de tierra tradición o maternidad hoy participa activamente como creadora en el arte urbano contemporáneo colectivas feministas utilizan el aerosol para denunciar feminicidios, desapariciones y violencia estructural, así el muro deja de ser únicamente relato heroico y se convierte en espacio de memoria urgente y exigencia social.
Este fenómeno que agrede edificios históricos, llevándolas a una condena social, en lugar de empatía y comprensión, en realidad en mi punto de vista, la respuesta no debería limitarse a la prohibición ni a la indiferencia o condena, sino a la construcción de políticas culturales que canalicen la energía creativa hacia espacios. designados, muros legales que florezcan y transforman la comunidad, convocatorias públicas, talleres formativos para residencias artísticas y festivales que vinculen artistas locales con creadores que en lugar de ordenar o silenciar ofrecerán una dirección sin apagar la voz juvenil y recuperar el espíritu pedagógico que dio origen al muralismo en el estado.
Hoy comprendo que Morelia no es una ciudad fracturada entre la belleza colonial y pintura desordenada sino un territorio visual atravesado por la historia de migración y juventud donde la cantera y el aerosol puedan dialogar si se les concede espacio para pintar una pared que también tenga un lugar en la memoria colectiva y la ciudad que se pinta a sí misma se una ciudad que sigue viva. Mientras tanto, seguiré explorando los murales en Michoacán...
Hoy comprendo que Morelia no es una ciudad fracturada entre la belleza colonial y pintura desordenada sino un territorio visual atravesado por la historia de migración y juventud donde la cantera y el aerosol puedan dialogar si se les concede espacio para pintar una pared que también tenga un lugar en la memoria colectiva y la ciudad que se pinta a sí misma se una ciudad que sigue viva. Mientras tanto, seguiré explorando los murales en Michoacán...