La tarde del lunes 5 de enero, Morelia se dejó envolver por una de sus tradiciones más entrañables. Conforme el sol comenzaba a ocultarse, cientos de familias se reunieron por el camino del Santuario del Santo niño de la Salud hasta el Centro Histórico con la emoción de vivir, la magia de la Cabalgata de los Reyes Magos.
No era únicamente un desfile. Era un acto colectivo de fe, memoria y esperanza. Después de una misa solemne, desde el Santuario del Santo Niño de la Salud, punto de partida de la cabalgata, la celebración recordó su origen espiritual: la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, símbolo de humildad, búsqueda y ofrenda. Para muchos padres, era también una forma de transmitir a sus hijos el sentido profundo de esta tradición, donde la ilusión infantil convive con la espiritualidad y la religión.
No era únicamente un desfile. Era un acto colectivo de fe, memoria y esperanza. Después de una misa solemne, desde el Santuario del Santo Niño de la Salud, punto de partida de la cabalgata, la celebración recordó su origen espiritual: la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, símbolo de humildad, búsqueda y ofrenda. Para muchos padres, era también una forma de transmitir a sus hijos el sentido profundo de esta tradición, donde la ilusión infantil convive con la espiritualidad y la religión.
La cabalgata avanzó entre aplausos, música y la emoción de ver a Melchor, Gaspar y Baltazar. Los niños seguían cada carro alegórico, cada saludo real, cada gesto que parecía confirmar que la magia todavía existe. Algunos sostenían sus cartas con cuidado; otros ya imaginaban los regalos, pero todos compartían algo muy valioso, la experiencia de convivir en comunidad.
El recorrido culminó frente a la Catedral de Morelia, donde un escenario les esperaba. En el escenario final, además del concierto con música alusiva al nacimiento del Niño Jesús y al viaje de los Reyes Magos, se presentó de manera gráfica la historia de Melchor, Gaspar y Baltazar. A través de imágenes, escenografía y recursos visuales pensados para los más pequeños, se narró su travesía guiada por la estrella de Belén, convirtiendo el cierre del evento en una lección viva de fe, tradición y cultura.
El recorrido culminó frente a la Catedral de Morelia, donde un escenario les esperaba. En el escenario final, además del concierto con música alusiva al nacimiento del Niño Jesús y al viaje de los Reyes Magos, se presentó de manera gráfica la historia de Melchor, Gaspar y Baltazar. A través de imágenes, escenografía y recursos visuales pensados para los más pequeños, se narró su travesía guiada por la estrella de Belén, convirtiendo el cierre del evento en una lección viva de fe, tradición y cultura.
Un relato visual en el escenario permitió que niños y adultos comprendieran y recordaran el significado profundo de la celebración, haciendo del escenario un espacio donde la catequesis se encontró con el arte y la fiesta popular dando énfasis que el regalo más que lo material es un símbolo de humildad.
Se repartió rosca de Reyes, símbolo de unión y de compartir en familia. Los niños recibieron coronas, grabándoles que esa noche todos eran parte del reino de la imaginación. También se entregaron hojas decoradas para escribir o dibujar sus cartas a los Reyes, un ritual que mantiene viva la ilusión y fortalece el vínculo entre generaciones.
La presencia del arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos, acompañado del presidente municipal Alfonso Martínez Alcázar, representó la fusión entre fe y vida y reforzó el mensaje de que estas celebraciones no son sólo eventos culturales, sino espacios donde la ciudad reafirma sus valores, su identidad y su fe. En Morelia, la Cabalgata de Reyes es un puente entre el pasado y el presente, entre la espiritualidad y la vida cotidiana.


